El New Punk Cinema

El New Punk Cinema

“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

¿Qué pasa si en esta célebre tesis número 11 del joven filósofo Feuerbach cambiamos “los filósofos” por “los cineastas”? Un director de cine puede elegir entre interpretar a su modo, y de forma más o menos creativa, la realidad (cinematográfica) que le ha tocado vivir mediante las herramientas establecidas (los argumentos universales con sus personajes arquetípicos, las técnicas, los planos, las narrativas, los tiempos habituales), o puede tomar tooodo eso y utilizarlo a su favor para transformar el género y el lenguaje, para hacer realmente lo que se le antoje. No hay forma buena de contar o de mostrar algo, simplemente hay formas. La repetición de estas formas son las que construyen una falsa norma y esas falsas normas conducen a que las cosas no avancen y todo lo distinto sea “cine de autor”, “cine alternativo” y “cine minoritario”.

No es una idea nueva.

Los directores del neorrealismo italiano (DeSica, Rossellini, Visconti o Antonioni), o los de la Nouvelle Vague (Truffaut, Godard, Rohmer o Resnais), ya aplicaron a finales de la mitad del siglo XX, la libertad de expresión y libertad técnica en sus películas. La calidad de imagen, la estructura narrativa, los diálogos, los planos-contraplanos, la diégesis, etc., se sacrificaban a favor de otros valores y voluntades. Pero digamos que esos movimientos cinematográficos nacieron en una época convulsa de postguerra con una urgente necesidad de transformación, que hoy en día no sería tan obvia. ¿Qué necesidad hay ahora de transformar y revolucionar el género? Yo diría que…¡mucha! ¡Más que nunca! Cuando muchos tenemos la guata llena y vivimos confortablemente es que ya hemos sido vencidos por esa repetición de la norma. Hay que seguir transformando y apostando por el pensamiento creativo que nos lleva a dudar de todo lo que “se da por hecho”. Por suerte, son muchos directores los que “no se rinden” y siguen tratando de hacer lo que quieren utilizando, a veces, inteligentemente algunas herramientas mainstream para hacer llegar su mensaje (como Lars Von Trier dando un papel protagonista a Nicole Kidman en Dogville, Gus Van Sant abordando un tema tan morboso como la matanza de Columbine en Elephant, o como Harmony Korine contratando a varias estrellas del Disney Channel en Spring Breakers). ¡Bienvenidos al New Punk Cinema del siglo XXI!

El New Punk Cinema es analizado por Jay McRoy en el libro con ese mismo título, y en él se describe como un movimiento cinematográfico adoptado por varios directores que prescinden de las técnicas cinematográficas habituales y adoptan otras: la aparición de actores no profesionales que improvisan diálogos, una narrativa fragmentaria no lineal propia del documental, el hecho de abordar temas obscenos o tabú, la calidad de imagen pierde importancia a favor de una estética “do-it-yourself”, etc. Nada se da por hecho, el espectador se ve obligado a concentrarse y a tomar todos los fragmentos que se muestran y a construir su propia narrativa, a construir su héroe o anti-héroe o a no hacerlo, a distanciarse de aquello que ve en la pantalla y a disfrutar simplemente de historias ajenas de una realidad lejana. Todo vale. Los personajes más histriónicos e inverosímiles se hacen reales ante nuestros ojos y los amamos tanto como los odiamos, nos pueden llegar a dar repulsión porque a menudo son la encarnación de la obscenidad y de aquello que no queremos aceptar de nosotros mismos. Los personajes más marginados de la sociedad encuentran el afecto y la calidez que les falta en la pornografía, en el sexo, en las drogas, y ello nos acerca a unos valores parecidos a los nuestros: la huída de la soledad.

¿Y por qué “punk”?

Este cine antisistémico se asemeja al punk, a la música punk, por el hecho que es un movimiento democrático; todo el mundo puede ser guitarrista en un grupo punk si sabe tocar tres acordes, igual que todos pueden ser directores sin llegar a manejar de forma virtuosa una cámara o el lenguaje cinematográfico, las herramientas son simples y lo importante es crear y el proceso de creación. De esas creaciones surgirán momentos auténticos que conecten con el público a través de una capa más profunda que su consciente.

Ejemplos de este cine antisistémico los encontramos en las películas de Larry Clark “Kids” o “Ken Park”, en “Gummo” o “Julien Donkey Boy” de Harmony Korine, en todas las producciones del movimiento Dogma 95, encabezado por Lars Von Trier, en “Last Days” o “Elephant” de Gus Van Sant, etc. Entre todos ellos hay notables diferencias de estilo, incluso entre sus propias películas, debido a que los directores punk usan solo esos tres acordes para hacer sus películas, pero probablemente dominan a la perfección el instrumento y lo tocan de forma virtuosa si lo desean. Como en la pintura, el dominio de una disciplina no tiene porque llevarte a una pintura realista, sino que puede conducir a la negación de la forma, a la abstracción, al minimalismo, al análisis, al metalenguaje.

Ken Park

Ken Park

Last Days

Last Days

Dogville

Dogville

Julien Donkey Boy

Julien Donkey Boy

Elephant

Elephant

Kids

Kids

Gummo

Gummo

Spring Breakers

Spring Breakers

En resumen, este artículo pretende ser una invitación a ir más allá de lo que la repetición de una serie de normas cinematográficas ha generado, a perderle el miedo a otras maneras de hacer las cosas y a olvidar algunas de las reglas que hemos aprendido por costumbre para rellenarlas de dudas y, finalmente, de aprendizaje, tanto como espectadores como creadores. Y todo ello a través del cine de grandes directores…

Autora: Adriana Conde

Fundadora de WOOOWZINE.
Diseñadora, amante de la fotografía, cinéfila, melómana, caprichosa, persistente, detallista y sibarita.